2026-06-01 14:10:42 - MUNDO
Quito, 1 jun (EFE).- Cuando la enfermedad golpea, el cuerpo se debilita y la soledad parece inevitable, pero en Ecuador un grupo de mujeres encontró una manera de convertir ese dolor en solidaridad y compañía: tejen cobijas que se han convertido en abrazos de esperanza y símbolo de amor que transcienden fronteras.
Para Ivo Garzón y María Fernanda Torres, esas mantas fueron el "milagro" que les recordó que nunca estuvieron solas.
En 2025, a Ivo le detectaron vasculitis cutánea autoinmune. "Desperté con ampollas en las manos y en los pies. No podía caminar, no podía coger cosas. Tenía el cuerpo hinchado. Todo fue desolación. Pierdes la fe en la medicina, en ti misma", contó a EFE.
Ivo, que llevaba una vida sana, no entendía por qué había enfermado "si estaba haciendo todo bien". Tampoco los médicos encontraron razones.
En 2023, María Fernanda pasó por un cáncer y una leucopenia aguda, que la mantuvo once meses aislada y muchas veces sin poder moverse. En medio del encierro recibió la manta: "Me aferraba a esta cobija, que significaba una entrega de amor, pero también de esperanza".
"Esta cobija es el amor no pedido. Una entrega sin pedir nada a cambio", resumió María Fernanda, mientras sostiene una de estas piezas que elabora la familia Chauvin: trece hermanas, tías y sobrinas, de entre 43 y 82 años, que han tejido ya más de ochenta cobijas para pacientes con cáncer, situaciones emocionales difíciles, niños en tratamientos.
Las tejedoras
"En cada puntada ponemos la intención pensando en la persona, porque ya sabemos para quién tejemos", dijo Lola, que ve en cada cobija "una forma de abrazar", de unir "la fuerza femenina en el arte de sanar: la arte-sanía", dijo a EFE.
Todo comenzó hace cuatro años cuando una prima de las Chauvin tuvo cáncer. Para acompañarla, cada una de las tejedoras hizo un cuadrado, los juntaron y le entregaron la cobija.
"Tejer es una forma de dar tiempo a la persona. Es un dar y dar porque nos emocionamos cuando pensamos en las personas para las que estamos tejiendo. Tejer es como meditar", comentó a EFE Lorena, hija de una "familia amorosa" decidida en expandir amor y solidaridad.
Con un cuadrado extra de cada cobija entregada, han hecho mantas: bitácoras que les recuerda cómo crece la red y la tradición familiar en la que una de ellas aprendió a tejer con alambres y otra con miras de bolígrafos. Nada era obstáculo.
Las cobijas -enviadas también a niños en Italia, Suiza y Canadá- se financian con recursos propios y se entregan gratuitamente como un abrazo colectivo hecho de lana, color y amor, para afrontar la adversidad.
Cadena de favores
María Fernanda -madre de dos hijos- comparte ahora enseñanzas con quienes están en dificultades: "Todo pasa", "no luches contra el día malo", les dice, según cuenta a EFE aferrada a su cobija, un símbolo de que "la fuente más grande de sanación es el amor".
Abrazada a su manta, Ivo -madre de cuatro hijos- recuerda que al recibirla pensó: "Es Dios hablándonos, el universo diciendo: 'no estás sola, mira cuánta gente piensa en ti. La humanidad es buena'".
Al entregar las cobijas, cada tejedora, "como hadas mágicas", manifiesta buenos deseos a los beneficiarios, relata Ivo.
"Ellas no se dan cuenta de cómo están cambiando la vida de las personas. Es una cadena de favores, de amor, de fuerza", apostilla Ivo, quien recientemente volvió al hospital para otra cirugía. Fue con su cobija para sentirse acompañada por quienes -puntada a puntada- tejieron redes invisibles de amor y solidaridad.
Ellas lo llaman tejer, pero es sembrar esperanza. Lo llaman cobijas, pero son abrazos eternos.
Susana Madera
(c) Agencia EFE
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